¿INSTINTO O RAZÓN?
Preciso es –como sugiere Theodor W. Adorno- considerar la afirmación, aunque un poco vaga, que indica que Francia, al ser un país de tradición racionalista –en el que se desarrollaron el iluminismo y, poco más tarde, el positivismo-, es la patria de la “gran pintura”; mientras que Alemania, país bárbaro por excelencia, madre de una importantísima tradición metafísica, la patria de la “gran música”, disciplina mística que relacionamos con energía vital y a la que los pitagóricos consideraron reflejo o imitación del alma.
Para Adorno “el origen de la nueva música (la vanguardista del siglo XX) debe buscarse en la pintura”. Si en Alemania –lo vemos por ejemplo entre los abstractos de la Bauhaus- los pintores tomaron como modelo esquemas musicales, en Francia evidenciaremos el mismo fenómeno pero a la inversa: está claro que Debussy, el gran músico de la modernidad francesa, no hubiese existido sin un previo desarrollo de la pintura impresionista. Derivarán de esta línea de “música racionalista”, muy vinculada al mundo tangible y objetivo, músicos como Stravinsky, que fue definido cubista y relacionado con la obra de Picasso y Braque por el carácter mental y estructurado de sus composiciones.
Esta distinción, entre dos instintos estéticos de índole diversa, es empleada por Nietzsche en su libro “El Origen de la Tragedia”, al definir las dos nociones contrarias de apolíneo –lo racional y medido- y dionisiaco –lo instintivo y desmesurado-. Nuevamente relacionamos a la pintura -por su carácter formal, objetivo y estático- con el dios solar, mientras que la música –abstracta- es considerada una disciplina dionisiaca. Sin embargo esta relación sigue siendo inexacta: ambas nociones conviven en ambas disciplinas. De hecho, no existe pieza musical concebida sin ningún tipo de estructura que la mensure- el mero hecho de tener un principio y un fin la está estructurando-, así como no hay pintura que sea –ni siquiera la obra más fría de Mondrian- totalmente mental y analítica.
Santiago Federico Richetti
Periódico Dómine Cultural Nº 20, marzo2007